DICCIONARIO DE ENFERMEDADES:
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enfermedad del legionario

La enfermedad del legionario, causada por la bacteria Legionella pneumophyla y otras clases de Legionella, es la responsable del 1 al 8 por ciento de todas las neumonías, además del 4 por ciento de las neumonías mortales producidas en los hospitales. La enfermedad suele aparecer a finales del verano y al principio del otoño.

La bacteria Legionella vive en el agua y la epidemia se declara cuando las bacterias se propagan a través de los sistemas de aire acondicionado de los hoteles y de los hospitales. En 1 976 se produjo una epidemia de una enfermedad respiratoria entre los miembros de la “American Legion” que asistían a un congreso en un hotel. A raíz de ello se descubrió la bacteria y se le dio el nombre de Legionella. No se conocen casos de infección directa de una persona a otra.

A pesar de que la enfermedad del legionario puede producirse a cualquier edad, con mayor frecuencia los afectados son las personas de mediana y avanzada edad. Los individuos que fuman, abusan del alcohol o toman corticosteroides parecen correr un riesgo mayor de contraer la enfermedad. Ésta puede producir síntomas relativamente menores o puede ser potencialmente mortal.

Los primeros síntomas, que aparecen de 2 a 10 días después de producirse la infección, consisten en cansancio, fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares. Sigue una tos seca que posteriormente produce esputo. Los individuos con infecciones agudas pueden comenzar a sufrir ahogo intenso y frecuentemente tienen diarrea. La confusión y otros trastornos mentales son menos frecuentes. Se llevan a cabo exámenes complementarios de muestras de esputo, sangre y orina para confirmar el diagnóstico. Dado que las personas infectadas por Legionella pneumophyla producen anticuerpos para combatir la enfermedad, los análisis de sangre revelan un aumento de la concentración de éstos. Sin embargo, los resultados de las pruebas de anticuerpos, no suelen estar disponibles hasta después de haber iniciado su curso la enfermedad.

El antibiótico eritromicina es la primera opción para el tratamiento de esta neumonía. En los casos menos graves, se puede administrar la eritromicina por vía oral y en los demás, por vía intravenosa. Un 20 por ciento de las personas que contraen esta enfermedad, fallecen. El índice de mortalidad es mucho más elevado entre los individuos que contraen la enfermedad en el hospital o que tienen un sistema inmune deficiente. La mayoría de los individuos tratados con eritromicina mejora, pero la recuperación puede llevar mucho tiempo.

      

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